domingo, 26 de agosto de 2012

Sobreviviendo en la aulas


Sobreviviendo en la aulas

Malestar. La preocupación por el salario de hambre que gana no permite arrancarle una sonrisa para la foto a Nélida Álvarez, profesora pública en Collique.
Malestar. La preocupación por el salario de hambre que gana no permite arrancarle una sonrisa para la foto a Nélida Álvarez, profesora pública en Collique.
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La prolongada huelga que ha llevado a cabo el Conare senderista dejó en un segundo plano un problema real: los profesores de colegios públicos ganan salarios exiguos. Ninguno de ellos puede sobrevivir con ese sueldo y tienen que buscar otros ingresos que les quitan tiempo para su preparación y sus familias. Tres historias de profesores que viven con lo justo y no pueden capacitarse.
 
Por Jonathan Castro.
Fotos Rubén Grández/

Cada fin de semana, la profesora Nélida Álvarez Espinoza se ve forzada a incorporarse a las filas de los cocineros del albergue del Hospital de la Solidaridad de Surquillo. Viaja 30 kilómetros desde Collique, en Comas, hasta la cuadra 7 de Angamos Este. Allí prepara desayunos, almuerzos y cenas durante el día. Por ese trabajo, Nélida gana 35 soles los sábados y 50 los domingos. En estos meses no ha faltado un día, pues aún no le depositan ni el primer sueldo de este año por su trabajo como profesora en el Colegio 2060 Virgen de Guadalupe, de Collique. Nélida confía que este mes su situación se regularice.
En dicho centro educativo, Nélida es la maestra de sexto grado de primaria. Enseña Comunicación, Ciencia y Ambiente, Matemática, Religión y Arte. El único curso que no dicta es Educación Física. Casualmente, esta es la disciplina que la acercó hacia la educación. En su natal Jauja, en Junín, esa era la única facultad de su futura alma máter, la Universidad Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta, que llamó su atención.
Nélida no goza de estabilidad laboral. No ha logrado que la nombren porque no pudo complementar sus estudios con cursos de actualización. Los únicos cartones que ha logrado conseguir después de graduarse los obtuvo en los talleres que organiza el Sutep.
Durante los últimos trece años, todos los veranos Nélida ha postulado para volver a ser contratada en reemplazo de algún docente con licencia. En el 2011 y 2012 tuvo suerte, pues logró contratos por el año completo gracias al resultado de sus evaluaciones: 13,8 y 14,6, respectivamente. Pero en 2010 no le fue bien. Solo logró un contrato de dos meses, y tuvo que recursearse como cocinera y profesora en pequeños colegios particulares, en los que la maltrataban y le pagaban 450 nuevos soles mensuales.
Su salario como profesora del Estado es deprimente. Apenas gana mil diez nuevos soles, y no tiene esperanza de elevar significativamente ese monto, a menos que logre ser nombrada y ascienda en la carrera magisterial. Nélida vive en el segundo piso de una casa que su ex esposo le cedió para alojar a los cuatro hijos que tienen en común.
El vendedor de DVDs
Un cerrito de monedas doradas de diez céntimos sobre su cómoda es el único ahorro que tiene el profesor huancavelicano Raúl Espinoza. No son más de cuarenta las monedas que brillan en el opaco cuarto de doce metros cuadrados que alquila por ciento ochenta nuevos soles en el segundo piso de una casa en El Agustino. Es todo lo que le ha quedado del sueldo de julio, recibió 1.310 nuevos soles, incluida la gratificación de Fiestas Patrias.
Su sueldo se estira angustiosamente durante 30 días. Además del alquiler, gasta 100 soles en pasajes, 400 en alimentación y le envía 300 a la madre de sus dos hijos. Para ahorrar un poco, toma desayuno de dos soles en una carretilla en la avenida Brasil y algunos días intenta almorzar el menú de dos soles en el comedor popular de su barrio.
Los fines de semana, Raúl acude a la tienda de un amigo comerciante en Polvos Azules para ayudarlo a vender DVDs. Si las ventas fueron buenas, recibe un máximo de 30 soles por día. De lo contrario, solo 20 soles por doce horas de trabajo. Esta fue su primera ocupación cuando llegó a Lima hace cuatro años dejando a su familia en Huamanga, Ayacucho.
De lunes a viernes, Raúl se dedica por completo a la enseñanza en los colegios públicos. Por ahora no quiere enseñar en academias porque sabe que eso disminuiría la cantidad de tiempo dedicada a la preparación de sus clases. Sale de su casa a las seis y media para llegar a tiempo al colegio José Santos Chocano de Pueblo Libre. Allí enseña Matemática, Educación Física y Educación para el Trabajo a alumnos de secundaria. Se retira a la una y media, y va a su casa a preparar sus clases del día siguiente. Uno de los materiales que más atesora es una copia de los ejercicios de la academia Trilce que consiguió en las galerías de la avenida Wilson. En su computadora adapta esas clases a un programa que sus alumnos utilizan en las laptops del colegio. Por las tardes, entrena a sus alumnos para que participen en concursos de matemática y deportes, aunque no recibe ningún dinero extra.
Desde el 2006 hasta la fecha, solo le han aumentado 35 soles. Raúl se siente feliz con su trabajo, pero le inquieta no haber sido nombrado aún. Aunque su sueldo está congelado, él asegura que no intentará hacer trampa en los exámenes de clasificación, algo que sí han intentado otros colegas suyos.
Suerte engañosa
 
Fue el primer profesor en llegar hace 23 años al colegio Visión Mundial, en Nueva Caja de Agua, en los márgenes del río Rímac. Desde esa época, el olor a quemado penetraba los pulmones de Abel Núñez Gonza. Una metalúrgica y una fábrica de papel operan a escasas cuadras del centro educativo, pese a los continuos reclamos de profesores, padres y vecinos.
Él tiene la suerte que los anteriores envidian. Es nombrado y por las mañanas trabaja en un buen colegio privado de la zona. Pero con ambos trabajos no supera los 2.500 soles al mes. Aún no ha podido terminar de techar el espacio de cuarenta metros cuadrados que su madre le cedió en el segundo piso de su casa para que viva con su esposa e hija.
Años atrás, él fue director de ese colegio, pero prefirió no continuar en el puesto porque esa carga administrativa era retribuida con un monto insignificante. El actual director recibe cuarenta y cinco soles adicionales a su sueldo de profesor nombrado, pues el colegio tiene menos de veinte secciones. Por eso Abel optó por buscar una plaza en un colegio privado aprovechando la maestría que tiene en la Universidad Católica.
Abel comenta que la mayoría de profesores sobrevive prestándose dinero. Las ofertas de créditos les llueven de entidades bancarias y de la Derrama Magisterial. Desesperados por el bajo sueldo, muchos se endeudan hasta el cuello.

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