viernes, 4 de mayo de 2012

La docencia no es un apostolado

León Trahtemberg:
LIMA - 
Un bombero voluntario que arriesga su vida por rescatar víctimas de incendios o aluviones; un médico que tiene que atender diariamente desgarradoras escenas de niños que están próximos a morir por heridas causadas por quemaduras, accidentes o que tienen enfermedades terminales como el cáncer; un policía o soldado valiente que pone su vida al servicio de la patria luchando contra delincuentes y terroristas; etc. ¿Son ellos menos heroicos, patriotas o calificables de "apóstoles del servicio" que el docente que da su tiempo, esfuerzo y pasión para educar a los niños?

En su origen, buena parte de la educación estaba en manos de religiosos alfabetizados y cultos, que combinaban la enseñanza de la fe con la lecto-escritura de los aprendices. Eso con el tiempo devino en grandes redes de instituciones educativas a cargo de religiosos cuya vida en los recintos de las iglesias, unida a su vocación religiosa, le quitó a la docencia el carácter de una profesión como otras, y le colocó un aura de apostolado de quienes no tenían que preocuparse por sus ingresos, por la escasa ambición económica implicada en su vocación de servicio y por el respaldo que recibían de sus comunidades religiosas para cubrir sus necesidades básicas.

Con la paulatina universalización de la educación pública, se desarrolló la profesión docente con el aporte de cientos de miles de profesionales laicos, que tenían que preocuparse de sus ingresos y demandar una remuneración acorde con su tarea especializada. Para ellos, la docencia es una profesión muy exigente, que demanda gran compromiso social, como la del médico, sicólogo o policía honesto.

El halo del docente como "apóstol de la educación" lo único que ha hecho es arrinconar los reclamos salariales docentes a un lugar marginal, como si fueran profesionales que no necesitan las consideraciones de quienes ejercen cualquier otra profesión.
Es hora de presentar a los docentes como los profesionales de alto nivel que tienen en sus manos la delicadísima tarea de educar a las nuevas generaciones de peruanos y construir las bases del desarrollo nacional, y reconocerles una remuneración y valoración social acorde con su elevada misión.


FUENTE: 
http://diariocorreo.pe/columna/85189/la-docencia-no-es-un-apostolado/

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